domingo

NO MÁS

Es
como siempre he dicho:

meterse con niños

es lo mismo
es igual

a salir meado.

El hombre es la única criatura que tropieza dos veces con la misma piedra.

miércoles

VIVIR

El sábado casi se mató un amigo
Ayer, tres días después, casi nos morimos mi mujer, su hija y yo.
Fueron ambos accidentes fuertes y feos.
Todos con días de diferencia con mi post anterior.
Los cuatro nos salvamos de milagro.
Hoy agradezco el milagro de estar vivo.
Desecho la idea de desaparecer.
Anoche tuve un sueño.
Pasaban cosas malas y otras buenas.
¿La moraleja?
Dar gacias a la vida
que llega de milagro
a veces nos encierra
a veces nos regala
pero cuando nos aterra
tenemos que mirarnos
echarle pa delante
quel camino es largo
no podemos irnos
antes de arreglarlo.

jueves

Quizás sería mejor morirse

Cantaba cadenciosa esa canción que nadie conocía. Y se movía ídem por partes iguales: tronco y extremidades, como una gran marioneta de pared, de ésas con una sola manilla en su bajo vientre. Difícil se veía entre la multitud. Pero cayó al fin y todos aplaudieron. Nadie pasó el sombrero. La gente se fue extrañada. Tenía los ojos abiertos y una expresión de terror en su rostro. No se movió más. Yo me quedé mirándola solo y contrariado. No me quise acercar hasta que llegó una ambulancia y luego la policía. "Se dejó llevar" fue lo que más correcto me pareció decir a modo de declaración, entendiendo lo pobre de mi juicio. Por atrás pasaban unos tipos famélicos, con pantalones ajustados y peinados de los años cincuenta. Ellos ni si quiera voltearon a ver. Yo lloré todo el día siguiente preso de una angustia paralizante. Y decidí dejar de improvisar, por miedo a acabar mis días en un acto impulsivo. Mi mujer me lo agradece a diario, cantando canciones conocidas. Tenemos dos hijos, maravillosos a nuestros ojos de padres, por lo menos. No he vuelto a soñar con ella desde hace cinco años, gracias a que mi madre falleció en mis brazos. No soy feliz, pero a veces siento un calor en el estómago, algo cosquilloso. Eso debe ser la felicidad, según mi punto de vista. Me voy a morir, esa es mi más célebre descubrimiento desde que tengo uso de la pluma. Eso tampoco me hace feliz, pero me alegra tener una certeza en la vida. No gano mucho dinero, pero eso no me hace más triste. Sólo más pobre. Aunque entre los dos nos alcanza para vivir bien. Y aunque quieran algo más potente de mi, no lo tendrán, ya que así es la vida de los que estamos en el mundo real. Soy alcohólico a ratos y drogadicto por hobbie. Eso sí me pone contento. Que triste es la vida para los que no son seres en el mercado. Quizás sería mejor morirse de una vez, para dejar de pensar en un posible no plausible.

viernes

EGOTRIPA

Divagas, vago, tu intelecto
es de jabón y de burbujas
y aunque tengas esa pasta que te hace como los pocos
te gustan los des-vacíos de la moda
así transas
barata
tu estirpe original
y hoy
hasta trasvestiste tu espíritu:
firmes como el agua
tus intenciones del niño en el juego
y tus propuestas
que son perennes
rápido perecerán.
Sobre todos en esos raros peinados nuevos.
Y el aire bucólico
que se enrarecerá henchido de tu sapiencia subyugada al bop,
y de mi sana envidia,
será nuestra cárcel
si seguimos en este un juego gástrico.

jueves

Qué extraño

????

Cómo puede ser
cambiar la opinión
en forma radical
con dos días de diferencia?

Nadie puée galla

y eso de meter a todo el mundo en el baile
me hace sospechar de las intenciones finales
y me obliga a recluirme en la orilla
ebrio, émbolo y estúpido,
escondido y/o hinchado
como cadáver al sol
o como quién dice basta,
cuando basta.

No hay ganas, ya me di cuenta
yo ando por las mismas,
Moraleja:
todo puede ser perfecto sólo si quieres.
y nada es como uno desea.
Sólo importa el cómo lo ves.

sábado

La chispa


domingo

Ya pasó

No lo olvides:
no me envidies
no es mi culpa.


lunes

El caminar es largo y la frente baja.
El suelo, los piojos, el azar.

La vida.

Sin excepciones.

jueves

CADÁVER EXQUISITO




Cadáver.

España, a garras o maquillaje,
borra, invade, cuerpo, emerge
de las costas, como terminales nerviosos
con el periscopio hinchado de ojos
y con el caleido caído.
No trajiste árboles, dijo
no trajiste cama
acuéstate en mis piernas de país dormido
dijo Neruda en el estadio
y cerró las cortinas haciendo tiempo.
Y no esperó
la hora nefasta,
y se guardó
solo, lejos de la intriga
dormido como para siempre
a gritos de piedra
y de sangre.

miércoles

aire


no hay furia ni desencanto en mis palabras, como hubiera pensado hace días. No hay dolor en mi alma. No hay decepción. No hubo lo que no habría nunca de haber. No me sentí mal. Solo estuve feliz. Y progresivamente mejor. Ytranquilo, lleno y sabio. No sé por qué. Y mi corazón está comenzando a inflarse. Gracias a dios y a la Reina por este nuevo amanecer. Y a la princesa también.

sábado

voces

soy quien tiembla ante mi mismo
doblegado de miedo y horror
soy quien me golpea
soy quien me cohibe
soy quien me escribe
soy quien me golpea
soy quien me entierra
soy quien entierra
sus dedos
en mi ojo izquierdo
para evitar...
para evitarme ver
el dolo
de la sabiduría
y derramarlo
a los hambrientos buitres
de lo material que no poseen
en sus vidas en éter.

martes

NUEVO PROGRAMA EMERGE EN RADIO TIERRA: “CADAVER EXQUISITO".


En el 1300 del dial AM, desde el 4 de septiembre Amanda Durán, Sebastián Forno y Matías Correa, el mismo equipo que ha estado estas últimas semanas al aire con “Alertas y Sonido”, tomarán el horario del martes, a las 5 de la tarde, para su nuevo proyecto denominado “Cadáver Exquisito”, programa de música y conversación con relevantes invitados de la escena cultural chilena.

Para el mes de septiembre estarán presentes los músicos de Juana Fe hablándonos de su música y proyectos; Cristóbal Valderrama, director de “Malta con Huevo”, contándonos de su película y del oficio de cineasta; y el jaiva Eduardo Parra, revisando la colección de improvisaciones del grupo entre ’69
y ’70 denominada “La

Vorágine”: sabremos por qué señala que “mucha de la música que se hace hoy día ya estaba presente en ese trabajo”.

El programa será conducido por Durán, producido por Forno y dirigido por Correa. Si bien conservará secciones ya estrenadas los martes anteriores, como “Una canción demasiado larga para pasarse en la radio”, el programa viene renovado y lleno de sorpresas. Es la despedida de “Alertas y Sonidos”, programa de Jimmy Parra, Cesar Almendras y Mauricio Palma con más de un año y medio al aire y del que ya no queda ninguno de sus integrantes originales. Estén atentos para devorar, desde el 4 de septiembre en adelante, este “Cadáver Exquisito”.

Y como si fuera poco, puede escucharlo en vivo a través de:

www.radiotierra.cl

o en diferido (miércoles) en:

www.radioenlinea.cl

¡No se lo pierda! ¡No se arrepienta! devórese este Cadáver delicioso...

miércoles

padre!

Padre dinero
que estás en la bolsa
santificada sea tu mesa.

Venga a nosotros tu interés.

Hágase tu voluntad
así en el comercio
como en el gobierno.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras deudas
aunque nosotros no perdonemos a nuestros deudores.

No nos prohíbas caer en tentación
y líbranos del síndico.

Amén.

jueves

adentro (sólo palabras)


Al pasar de los días el mundo daba otra y otra vuelta más y nos enseñaba que cada uno no tenía razón en nada. Ese tiempo y esas distracciones, quién metíamos, qué nos metíamos, qué había de mal en eso, sintióse indefenso y, alegó, superpoderoso, más mal de lo que tú pensaste. No hay arrepentimiento, no hay nada. No pasa nada más. Sólo como carta de despedida, cara de sanidad, sarta de santidad. Ahí ya no se necesitaban opiniones forzadas confrontacionales. Obligado a escuchar blasfemas, el hombre se paró directamente de su silla y puso las cosas en su lugar, aunque, ni tonto, después se arrepintió y se fue a dormir. Con esa premisa el ser innecesariamente discreto se apartó solo y aquél ni éste supieron más de sí. Así, como un calvario, los días pasaron uno a uno con rabia después de su presencia, magistral acto de cobardía inmune a cualquier estereotipo, y ambos fueron endosados ya hacia un mal momento, en un caso, ya, en el otro, directo a ese lugar.

Mientras, amordazados en sus esquinas de siempre, los otros continuaron en sus esquinas de siempre, más que mal ellos eran, y fueron, los primeros instrumentos del fin. Más que mal todos lo son.

martes

ORTIGAS (diciembre de 2003)

“Lo que pasa es que esa niña

es un poco bien callada

es muy poco lo que habla

habla poco no habla nada

está siempre bien callada

un silencio ella es

poco comunicativa...”

-Fumemos un cigarro

-¿Ah?

-¡Fumemos un cigarro!

-Ah.

Shh medio gritito que pegaste, ¿qué me habías entendido?

-¿Ah?

-¡Que qué me habías entendido!

-Ah...

M.Redolés

-Aló, hola, como estás.

-...

-Bien.

-...

-Ah, no, por nada, nada en especial. Ah, sí, ahora me acuerdo, ¿qué vas a hacer hoy en la noche?

-...

Así, al mirar la luna, me doy cuenta que sólo soy un punto en movimiento encima de la corteza de un gran balón. No es necesario, entonces, esperar tanto de las cosas que uno quiere, o cree necesitar, ya que al final todo desaparecerá en forma misteriosa y el universo nos absorberá con su fuerza antigravitacional, lanzando nuestras partículas, cada una, hacia puntos distintos anulando el ser, transformando la esencia en partes distintas de otras unidades, integrando, así, el inconsciente colectivo universal. Claro, esto sólo si tenemos alma. Porque en caso contrario, nuestro ser se deshacerá lentamente hasta formar parte de otros seres distintos en el tedioso ciclo terrestre, y primero seremos devorados por gusanos antes de pensar siquiera en pertenecer a otro ente viviente.

La luna da buenos consejos, me digo y salgo a recorrer la ciudad antes de ir al sitio acordado; esa buena ciudad a mis ojos ahora que veo más claro. Nada de contaminación y smog, nada de autos en fila, nada de gente apurada, sólo yo y la ciudad que me vio nacer y que espero no me vea morir. El lugar de encuentro es un boliche en el barrio central, entre las casas viejas y grandes, entre las prostitutas que me parecen tan amables esta noche, entre los travestis que me miran con deseo al pasar. Entro y encuentro, su mirada, entre los presentes. Voy, con una sonrisa en los labios y me siento frente suyo. Un “holas” y un par de miradas me bastan esta vez para volver a la realidad, esa realidad tan inconmensurable y áspera. Al frío y al nerviosismo, al ataque de taquicardia, al olor de mi axila subiendo hasta mi nariz. -Ayer no hice nada, y tú- completé la frase con un espanto en mis ojos, como esperando lo que ya sabía. Estás llena de amigos, pense, pero por mi mente se dejó oír la idea de que en realidad era solo uno, siempre el mismo. Nunca sabré si es producto de mi lentitud de reacción, de esas horribles oleadas de frío que suben por mi estómago y bajan en forma de calor por mi espalda, de mi cuello que se eriza cual gato asustado cuando la veo, o si de ese timbre en mi oído producto de la presión en mi cerebro, o del tartamudeo, qué se yo... El cuento es que ya sé cual es mi destino en esta historia: cada oveja con su pareja. Quizás debiera buscarme una mujer inteligente en vez de andar por ahí babeando... Pero no es eso lo que uno busca cuando mira la luna en una noche como esta y sale tras la mujer que lo tiene a uno del cogote como un yoyo que va y viene, el bolo alimenticio en el estómago de una vaca, o simplemente yo.

-He decidido dejar de buscarte-, le digo envalentonado y en sus ojos se cuela una carcajada de agua que no hace sino sonrojarme y desear estar muerto. Aprieto un puño y me muerdo el labio. Reviso mentalmente cada segundo desde que dije esa barbaridad. Oigo un fluir de sangre en mis oídos. El mozo me trae la cerveza y me la enchufo cual manguera de petróleo en estanque de camión. Me sacudo la cara y contengo la flatulencia que pretende salir. Abro los ojos y me lloran por el gas. Me calmo. La oigo. Habla y se ríe sola. Me oigo. Contesto como un autómata. Por mientras miro su rostro de ojos chinos y nariz respingada, sus senos perfectos y voluptuosos y ella está casi a punto de cerrarme un ojo... Mi pie roza el suyo, y lo deja estar ahí como si le importara. Por qué no tomas la iniciativa tú, si me vez sufriendo como un buey recién castrado. Qué pasa en esa cabeza llena de aire que te gusta tenerme comiendo de su mano por placer. Porque no te acercas y me das un beso, por la cresta. ¿No ves que me estoy poniendo como roca?

-No, no quiero ir-, dices y decido que esta sea la última vez que te vea. Me siento un poco aliviado y puedo conversar con tranquilidad. Ahora las palabras fluyen de mi boca hacia fuera como certeros golpes que van activando una a una tus neuronas. Entonces te vuelves apagada y dócil, como pidiendo perdón por pantomima. Lo sé por la luz que intentas esconder al bajar tus ojos y esa pequeña comisura del labio que delata que sonríes. Pero sabes que eso me da ánimo y es parte del tira y afloja que tan bien acertaste cómo me hace daño. Me provocas euforia y te haces la aburrida, o realmente te aburres no sé. Pero he decidido no verte más. Pago la cuenta e intento un último contacto al mover tu silla y tenderte la mano para que te levantes. Te quedas tan dócil que mi incursión dura menos que un segundo por tu espalda y todo queda en una bella amistad que los dos sabemos no va hacia ninguna parte. En realidad me enloqueces y lamentablemente tenemos asuntos en común que me subyugan a ti por el resto del año sino la vida.

Llego a mi casa, derrotado, con dolor de cabeza, casi desahuciado. Me tiro en la cama. Apago la luz para lograr descansar. Veo la luna. Pasan 2 horas. Un calor ya se apodera de mi cuerpo y me siento mejor de ánimo, voy a la cocina y, mientras preparo mi comida, agarro el teléfono y marco tu número. Aló dices y es como si los ángeles vinieran en mi rescate con ramos de mentas que en realidad son ortigas...amén.

AUTOCOMPLOT

-¡Insolente!, ¡insólito!, ¡infame!, ¡imbécil! -El iris se le agrandó al salir al sol. Sin pensar, huyó calle abajo, como gato atropellado, como bandido, como lo sentía la señora que le gritaba con escoba en mano y mandil en muslo. Claro, él había bebido mucha cerveza más allá y, más acá, le entraron ganas. Giró la cabeza de lado a lado, de arriba abajo, se escudó en el arbusto y mientras sonreía un torrente de luces azul-rojas lo bañaron desde atrás. Sin pensar saltó la reja y se sintió seguro. El punzazo en su mano izquierda tomó toda su atención. A su lado había una manguera, había que limpiar la sangre. La cerveza en su cabeza se abalanzaba sobre sus parpados, purpúreos de pitos ya olvidados, pesados del reciente líquido ingerido. El piso extrañamente estaba muy cerca de su cara. Sintió dolor en la mandíbula. Sus pies estaban enredados en la manguera y su traje de cesante en búsqueda ya estaba estropeado. -¡Estúpido! -gritó una voz en su cabeza. Se levantó y siguió la manguera con la mano buena, beato de su idea primera. Abrió la llave y se condujo en dirección opuesta. Sintió el ador en la mano con el agua clorada. Caminó en dirección a la llave y cerró el agua. Se sentó en el barrial y se puso a llorar como un niño. O como un viejo solitario. Sucio, mal vestido, cabizbajo, parecía un perdido. En ese interior se estaba tan tranquilo, entre las azaleas, ipomoeas, jazmines, colas de zorro, cactus y demases. Entre dos pastelones apoyó la mollera que quedó mullida, maulló un gato y miró hacia arriba. En el cielo paseaban dos avionetas ¿o era una?, haciendo sus maromas acrobáticas. Se sintió Baco, pero el de los nuevos tiempos, el tren-tren de la post colonia. Sí, el sabía de historia, la había aprendido antes, en una época más clara y menos clave de su vida. Secó sus lágrimas e intentó pararse sin éxito. Se relajó un segundo mientras intentaba aclarar su vista. La comodidad del barro le hizo olvidar su tarea, al igual que la cerveza. Cerró los ojos. Negro. Calor, viscosidad. Abrió los ojos. Una lengua lo lamía desde arriba. El olor a perro mojado lo acogía. Una voz llamaba a un supuesto Tito, Titín, Titito, Titito lindo la comida. Un grito. El susto lo levantó de un salto. Una señora lo escrutaba de arriba abajo con la boca abierta. Los ojos de ella se detenían entre su ombligo y su rodilla. -¡Insolente!, ¡insólito!, ¡infame!, ¡imbécil! –Abandonó la sombra del jardín donde estaba saltando la reja nuevamente, espantado al unísono con su borrachera. Sin pensar, huyó calle abajo, como gato atropellado, como bandido, como lo sentía la señora que le gritaba con escoba en mano y mandil en muslo. Se detuvo. Cerró el cierre de su pantalón.

los niños sueñan con cosas de locos

La luz de la vela baila en las paredes de la cueva como si fuera parte del sonido de los tambores que no cesan, y que con su tong, tong, tong, me hacen cada vez más alejarme de mi-yo. Ese Yo-Mí que trabaja y que es potencial padre de familia. Tong tong tong tong tong tong tong. Las luces de la vela cada vez van siendo más claras y transparentes. Como si se mezclaran con las luces que emanan del pelo de aquel hombrecillo que, en la mitad de la selva nos ofreció por unos pocos dólares, hacernos este ritual. Generalmente yo no confío en este tipo de gente, pero algo que está dentro de mí me hizo correr tras él y pedirle que no se fuera. Esta maravilla de selva me está volviendo loco, pensé en ese minuto. A veces uno tiene que aferrarse a algo en momentos tan distintos a lo común como lo es ahora. Pero cada vez puedo pensar menos y como que mis ideas van aletargándose con cada tong que entra por mis oídos directo ya al cerebro, directo ya al cuello, a mis ojos, a mi boca, a mi frente, a mi espalda, pecho, estómago. Me toma del vientre y me tira con fuerza y entro al túnel.... al otro lado hay luz..... al otro lado está cada vez más lejos... como si algo me reclamara de vuelta... abro lentamente los ojos y veo sólo luces, manchas, luego figuras, luego rostros, luego el fuego, luego manchas, luego luces , luego me siento caer... Otra vez el túnel, pero ahora hacia delante... la luz del final está cada vez más grande, es algo que no puedo creer, se proyecta y se divide en los tres colores primarios, luego en los siete del arcoiris, luego en millones de tonos y se transforma en hilos de luz. Y luego esos hilos en puntos. Y luego zas!, estoy al otro lado. Fluyo en un medio que parece acuoso. Parezco, soy acuoso. Me estoy como diluyendo. Siento un remezón, luego trato de abrir los ojos. Pero no puedo mover ni un músculo. Huele a tierra. Logro mover la boca y la abro. Sabe a tierra. Estoy tapado de tierra. Logro mover el cuello. Lo saco a lexterior y unas manos me impiden levantarme. “Estás reagrupándote”, me dicen aquellas manos, como bailando. Cierro los ojos y trato de concentrarme... Logro abrir los ojos y todavía estoy sentado frente a la vela y el tong tong tong tong tong.... Cierro los ojos otra vez y estoy en una playa azul, sentado con el hombrecillo. Y me habla. Pero no son palabras, sólo me da a entender que me quedaré en la selva a vivir con él. Su voluntad es más fuerte que la mía. De momento no me importa mi trabajo, ni mi familia, ni mis proyectos, ambiciones, ni nada. Estoy feliz. He encontrado lo que buscaba. Abro los ojos. Soy el mismo. Soy otro soy todo con el todo, soy parte de ese todo, cierro los ojos y vuelvo a la tierra, termino de toser y de limpiarme los ojos. Y me levanto, me sacudo y entro al agua, en el río. Por fin despierto. El hombrecillo está esperándome con mi equipaje a la salida del agua destornillándose de la risa. Me visto, no me había dado cuenta de mi desnudez hasta entrar en el agua. “¿Y mis amigos?, pregunto. “Se fueron”, me contesta con un dejo sarcástico de satisfacción en su rostro. “no van a volver”. No pregunto nada más. Sería como retroceder a la caverna y ver la cueva, la vela, las caras y tong, tong, tong, tong...

Anotaciones en una servilleta.

Frío.
Dientes en los dientes.
Espera Inmensa.
Soledad.
El dulce se derrite,
más el frío condiciona
esta espera innecesaria,
solo.
Sírvase escapar
obligado por la mujer.
Otra traba para olvidar la frustración.

Frío en los dientes.
Frío Fagocitable.
Frío de lácteo.
Nada más un segundo
Nadie más que yo
y los miles de yo
que nos rodean
miran y comentan
mi desnudez,
a la que yo no temo.

La Reina de Belleza Endulzante,
sin perjuicio de nadie
faltó a la cita.
Le facilita su labor
cierta cuota de odio
y esa factura práctica
tan típica
y sintomática.

Como sea caminas pero no logras
soltar las amarras y te veo
frontal pero sin confrontar
la realidad y difícil
es que encuentres
esa ayuda
que ahí buscas.

Frío.
Dientes y fagocitación.
La eterna espera
tendrá que esperar.
Hoy,
cansado,
vuelvo a mi hogar,
como el perro arrepentido.

jueves

Un pasado

Así se le pasa la vida, caña tras caña como columpio, y aunque todo es fácil, nada es interesante y no hay nada que hacer realmente para él, o que él pueda hacer, se está. Y se va quedando calladito, solito, chiquitito, hasta que se pone a tiritar y después muere una y otra vez, si a eso le llaman morir. Pobre, no? Si sólo eso es lo que le gusta, dar lástima y hacerse el tonto, o quizás el interesante, o quizás el fuerte o el pelacable, pero hacer, parecer, no ser. Morir. Morir es su palabra, es tan francesa que hasta la dice con la boca semicerrada, y haciendo un poco g la i. Suave, solo, se relame cual gato de seda y se sonríe para adentro entrecerrando los ojos riéndose, pero sólo un poco, de su pequeña comedia burguesa. Casi, a lo lejos, le faltaría el paraguas rosado de encaje jugueteando entre sus manos. Se llama Agustín, o David. Y es un buen muchacho. Un tanto terco también, pero para los negocios. Opina? No, nada, qué va a opinar ese, si es de esos. Sí, de esos mismos.

Deslenguaje

Tres veces llamé a la puerta,

apreté dos veces tu mano,

te saludé desde lejos

y cerca bajé los ojos.

Me fui caminando con la espalda más arriba que el cuello.


Otro día abrí los ojos al máximo y fruncí el entrecejo.

Bajaste los ojos,

te fuiste solo y con un vacío en el estómago.




ROMBO


Cada santo

Cada arquetipo

Y al alba

Cadencia epistolar insana

¿No ves que no hay santo sin sabandija?


Cantas carente de cordura.

(Conversación con “domingo en la mañana” poema de Raúl Zurita que aparece en “Purgatorio”)

I

Me amanezco

Se ha roto una columna

Soy una Santa digo.

Ahí no hay coma

Sáquenlo

Auxilio

Volátil te ves

Sabroso

Sabrosa

Sabor.

Roma sale de su silencio

Silbante en el aire corre

Subiendo y ya.

Nos miramos se ríe

Mucho en la mano

Dice

Se va.

LOCALBAR

Ebrio oscila en el podio

Estamos vivos, dice

Argentina Austria Ámsterdam

destino las Bahamas

Aquí cerquita

Responde airoso

sobre todo cuando vomita

- Y a veces nombra a su madre -

¡Hìjo de puta! grita el dueño del bar al calor destronando a el loco

el loco, loco.

Soy pasmao, le contesta el borracho

Si la vida es así

Y todo se fue diluyendo hacia el escusado-delincuente tan solo

Míralo, dijo uno

Lo veo y qué

Salud, no más digo yo.

Voltea - achica los ojos – voltea sigue con su coloquio.

¿Nos habrá visto?

No, huevón, cambia el tema.

-Salud-, Silencio atrás ruido de copas.

WANABE

Labia,

Suficiencia,

Hermetismo pragmático,

Auto referencia,

Basta por hoy.

Prepárese a desaparecer

Tras una pequeña siesta

De mi memoria frágil.

Y acostúmbrense a habitar

Años

Mi corazón débil

Y fácil.

No hay nada como el olvido que no se olvida,

como tratar de ocultar la llaga jugosa.

Sumbanzo

Zumbando
Samba landia
Solo.

Susurro
La maría
Razgos conocidos
Rasgo el aire exhalo inhalo.
Échalo
Sálvate solo dice
Irremediable sentimiento de culpa
Innecesario y arbitrario letargo.

Zumbando
Zamba landia
Zamba.
Sigiloso secreto sincero certero
Nada – nada más, nada aún-, nada menos.
Se escapa
Cierra la puerta tras de sí
Abre una puerta:
Por dónde se cuela el aire.
Qué cinismo
-Atrás cierran la puerta-.

Zumbando
Zamba Llave
Zamacueca
Sembrando Samba
Sol
Sonidos Santos
De mi corte moral
Exhala
Sálvate –digo- solo
-Simil-.
Simple
Secreto
Sincero
Samba
Justo
Solo

- No hay
cura-
respónsome.

morfear

Cae la tarde y en cierta casa del sector entro. Una señorita me recibe. De sus maneras puedo descubrir que es una ejecutiva sin sueldo. Peinada para la ocasión nos presenta a su artífice. Obrero y yo entramos en la sala.

- ¡OH!. Qué bueno que vinieron. Mire: ¿usted sabe de qué se trata nuestra entidad? -dice una de las dos.-No pueden caer en nuestra tentación -dice la otra.

Hermana y ejecutiva se alborotan un poco.

Comenzamos a ser tentados.

Cierro, un poco, la puerta con el pie.

Hermana se acerca a obrero y yo, de frente con ejecutiva, trato de mantenerme tranquilo. Ella se acerca de un paso. Me mira un milisegundo, de cerca, al ojo derecho y después vigila, de frente, la situación de los otros.

Se acerca sin pantalones,

de pie

hacia mi

sentado.

Se ha escupido el sector para que yo piense que está muy dispuesta.



No lo encuentro atractivo.

Baja quedando a mi altura de la boca.

Me mira tan indiferente que cae.

Baja, empezamos la frotación.

Bajo mis dedos, está rosada y sonríe.

Me caliento.

Trato de metérselo.




No se puede, es virgen.

Ella -intentemos otro poco.

- No, no importa.

- Mm.

- ¿Te molesta que te haya hecho eso?

- No. Más me molesta no haber hecho lo que iba a hacer.



Despierto. Sala con mucha gente. Salgo de la habitación. Cebada, campos. Todos actúan muy naturalmente. No conozco a nadie. Caminamos hacia una cancha donde se trabaja. Descubro que estoy en una cárcel-sanatorio para convictos traumáticos.

- ¿Qué hago aquí?

- Nada OH! Ya cállate.

- ¿Pero qué me pasó, por qué estoy aquí?

- No sé.

Adivino que todos saben,

tanto que todos se van de a uno a mis preguntas.

Adivino que estuve en coma.

Adivino que me violaron.


Es de día.


Me acerco a un grupo reunido en las camas.

- ¿Quién fue?

- Nadie.

- ¿Qué me pasó?

- Nada.

Uno sale como judas.

- Pero qué, ¿acaso me penetraron?

- No, pero te manosearon bastante.

- ¿Quién está metido?

- Varios, T tuvo que ver.

Tomo mi tambor.

Salgo.

Lo sigo.

Lo encuentro, es de noche.

Lo golpeo.

una

dos

tres

veces y se mueve a la cuarta ya no.

Comienza a gritar.

Salto una reja.

Todo va tornándose color piel.

Veo un guardia.

Puedo matarlo.

Cuida una puerta con una secretaria adentro.

Me alejo y es uno de varios contenedores traslapados, con sus respectivos dúos.

Adivino que hasta ahí llego.

Color piel.

Me despierto.

Son las nueve.

martes

Bruja.


Casi corriendo pero no,

casi lento,

casi volando pero en el suelo

casi entiendo tu sentido

pero no.


Estamos de muerte,

Y a veces

Estamos de pelos

¿Estamos?


Qué es lo que me quieres decir

Si me miras así sin hablar.

¿Qué debo entender yo?


Saltas sin decir

De un tema a otro para que no te encuentre

Sin fallas en tu estructura pero sí en dar sentido

A tus palabras

A tus ritmos biológicos

A tus intenciones de realidad

Sin tomar en cuenta tu irrealidad crónica

Natural

Y necesaria para que existas.

sábado

Fin del jugo

Sabemos por sílabas inconexas que sólo procederemos como quién sabe.
Sobramos, por ende, sin sentirlo o visualizarlo.

¿Dónde está el sol?

¿Dónde está la etermnización?

¿Quién comprende nuestra funcion vital e inherente, como suele autodenominarse?

Fundió, canta una canción, suerte de principiantes dicen por ahí.

No es diferente la muerte en el espejo que ser el espejo de la muerte, dice uno más profeta:

No estoy duro, dice otro en ese día en que descubrió la anfeta.

Quién es el que realmente sabe... El que sabe, o él, que sabe?

Tu sabor se me aleja siniestramente hacia la derecha de mi círculo polar, y eso es peligroso.
Tu rozón de jornalero y tu traje de franciscano no muestran la compostura.
Miras a esa palapa, y me miras sonriente, te canto, te espantas.
Salto en mi interior, mientras mi envase no se mueve ni un ápice.
te esfumas, por suerte para mi hoy.
Me dejas tu resario bajo mi cama.

Algo de eso hay en un pacto.
O quién sabe qué resabio nos trae el destino.




________________________________________

ya me deshice del amuleto, y aunque no ha cambiado mucho el asunto
me siento más tranquilo....
aunque haya roto aquel pacto
esopues posteen

domingo

comente.....


9 de noviembre de 2004


Sinrazón


Al abrir su cajón notó que le faltaban tres pañuelos, me dijo Clemencia implorando por su vida, miserable e incólume (hasta el momento, o hasta ese preciso momento) con la cual pensaba compartir algo innecesario conmigo, según me había dado a entender tres días antes en el bar Cronopios, entre Agustinas y qué sé yo. Y claro, a su madre los tres pañuelos a los que hacía referencia esa tarde de sexualidad reprimida en mi casa, se los había regalado yo. Obviamente el encerador de tanto parqué tenía la culpa, culpa compartida con la empleada, cuento que yo no me tragaba ni por si acaso, según le dije al juez dos años después en el minuto en que me llamaron a declarar por ese cuerpo, que hasta el día de la conversación en la que estábamos, se encontraba incólume, al igual que su vida, y su alma de beata miserable. Torturador no, señor juez, esas fueron otras épocas de la historia, histeria colectiva y guerra fría, helada como caliente en los extremos, según he leído, como le dije después de esos dos años. Pero en ese momento yo no sabía que tres pañuelos causarían tanto hervor en mí.

La tomé con suavidad de dentista y la anestesié con un trago de pisco. Me senté y amarré mi brazo con el elástico que abultaría mis venas (cosa que no le dije al juez) y procedí a calmar mi ansiedad con el cóctel de fierrazo y grapa en cuchara, luego en aguja y finalmente salté en una explosión de entereza, duro como palo e igualmente abofeteé su cara. Las cuerdas con que estaba amarrada resistieron sus tirones, imaginarios y reales en mi mente, como creía yo. Pero era cierto, estaba allí amarrada y no dijo nada más. Tres pañuelos para un odio tan grande. Duro y despiadado me puse otro fierrazo tras exhalar y mis venas del cuello se abultaron como las del brazo en el torniquete que aún no había soltado. Mis muelas rechinaban como catre de prostíbulo.

Tres pañuelos, los recuerdo bien, aunque su madre, mísero repollo flatulento y de mala muerte no los recordaba. Yo, mi madre, mi abuela y mi hermano juramos jamás juntar jirones ni jubones en esa jerga de jaleo que justamente nos caracterizó en los años predecederos y venideros que no han dejado de acontecer. Tres pañuelos y mi familia estaba enterada del error. Tres errores que su madre había cometido, tres problemas en mí. Y ahora ella pagaría con su sangre el agravio cometido por la que en sus venas se perpetuaba. Y el fluido rojo corría desde su boca que yo creía imaginaria en cuerdas imaginarias en asientos imaginarios en habitaciones de ensueño catastrófico. No hay realidad... no hay nada... es todo tan distinto entre paredes blancas y alcolchadas... es todo tan culpa y autoflagelación... Ahora mis manos atadas a mi espalda evitan ver correr sangre de mi cara como esa vez la vi tan roja y luego tan chocolate... Pero después gritaba fuerte y claro desde el estómago como una guagua lo hace al ser olvidada en su llanto hambriento e histérico casi histriónico hiper-humillante, y aunque fuera parte de mi imaginación imaginaria la palpé como si fuese mía como quería serlo en el bar Cronopios en otro estado más placentero y menos angustiante, calmado tras otro pinchazo de grapa y blanco fierro, ayudado con la nariz... el torniquete me ayudó a hacerla callar esa boca de dientes rojos bajo esa nariz-jugo-de-frutilla y sus ojos quedaron mirándome sin vida, imaginaria como pensé yo, imaginaria como debe ser y al jardín y al hoyo y pala con tierra a la luz de la luna que todo lo eriza.

Más calmo la pastilla y el pisco me hicieron dormir la fiebre de la luna y, en silencio oí esa voz al teléfono y calmé, imaginariamente, la imaginación febril de quien me auscultaba las ideas por medio del auricular-ventricular que bombea información de un lado a otro de la ciudad, sino del mundo que nos rodea redondo y raudo alrededor del sol y de sí mismo. Dormido también fui al tocador y esnifé otro poco de fierro para continuar mi sueño de ojos abiertos. En el espejo un demonio. En el espejo una trizadura, en mi mano sangre imaginaria, el teléfono descolgado y tres pañuelos imaginarios en mi memoria. No me quería casar con ella aunque me hubiese dado lo mismo si no me delataran a mi familia con esos tres jirones imaginarios de sueño sin dormir y no importa otra pastilla más dentro de tanto en tanto se acaba el dolor de muelas trizadas como espejos de mala suerte. El pisco. Ahora sólo la botella. El sueño. Parece como si ocurriese ahora mismo. Algo de culpa hay aunque sólo lo haya imaginado, como le dije al juez y el abogado me felicitó por decir la verdad porque así no me violan ni tengo que pelear con sable. Sólo escuchar monólogos de pieza contigua, tan blanca y acolchada como la mía.